Francamente, creo que sobre la independencia de Catalunya ya se ha dicho prácticamente todo. Pero la realidad es que por parte del independentismo todo se ha quedado sólo en palabras y alguna que otra gesticulación. De los hechos se ha encargado España. Persecución policial y judicial, represión, prisión, exilio, inhabilitación y trilerismo político, administrativo y judicial. Estos son los hechos que el farragoso reino de España ha volcado sobre los atribulados ciudadanos de la última colonia de su marchito y putrefacto imperio donde dicen que "nunca se pone el sol".
¿Qué podemos decir, pues, sobre la independencia de Catalunya? Podemos decir que debemos pasar de las palabras y la gesticulación a los hechos. Debemos olvidarnos de la sonrisa en las caras, los lirios en las manos y de no ensuciar con basura las calles de nuestras villas y ciudades como ha pasado después de las históricas manifestaciones de no hace demasiados años, repitiéndolas si es necesario ahora con el coraje y valentía necesarios para conseguir la libertad y plena soberanía que tanta falta nos hace.
Ahora es tiempo que las palabras y gesticulaciones vacías las hagan los españoles. Los españoles volverán a prometernos la mejor financiación singular que jamás hubiéramos soñado, el traspaso integral de las políticas de inmigración, el traspaso definitivo de Cercanías, el cumplimiento efectivo de la amnistía para todos, la puesta en marcha del corredor Mediterráneo y utilizar el catalán en Europa. Todo ello adornado con buenas palabras, como "ya no hay enfrentamiento entre Catalunya y España", que "el gobierno de la Generalitat en manos socialistas ha logrado apaciguar el independentismo hasta aniquilarlo", que "nunca Catalunya había conseguido crecer más económicamente", que "ahora se gobierna para todos los ciudadanos de Catalunya", o que "la estabilidad política alcanzada".
Cantos de sirena, al fin y al cabo. Mientras, el déficit fiscal no se detiene y la financiación singular será para todas las autonomías, es decir, más café -achicoria- para todos. La inmigración continuará en manos de Madrid porque Podemos no quiere que se haga el traspaso a la Generalitat. En cuanto a Cercanías será un traspaso integral pero compartiendo con Madrit la empresa que sustituya a ADIF y RENFE, con la presidencia de la sociedad catalana, aunque con mayoría del consejo española. Las inversiones del corredor Mediterráneo continuarán sufragando al corredor central, que según Madrit queda más cerca del mar que el País Valenciano y Cataluña. Y en cuanto al catalán en Europa mientras el Partido Popular y VOX españoles hagan campaña en la UE en contra, nada....
¡Tenemos que reaccionar!. Un buen catalizador de esta reacción puede ser el regreso de Carles Puigdemont a Cataluña. Más que nada porque el Tribunal Supremo se verá obligado a aplicar la amnistía aunque hará lo imposible para seguir buscándole las cosquillas, inventándose nuevas imputaciones y delitos para encarcelarle, juzgarle y condenarle, culminando así su venganza siciliana. Recordemos que los jueces del Supremo no buscan la VERDAD ni impartir JUSTICIA sino que actúan como salvadores de la patria "Una, Grande y Libre" y defensores de la "unidad de destino en lo universal".
Serán necesarias movilizaciones masivas de todo el independentismo. Deberemos buscar la unidad de acción de todas las fuerzas políticas, partidos, instituciones y ciudadanos en general con coraje suficiente para defender la independencia, ahora sí, que en la calle e indefinidamente. La unidad alcanzada hasta 2017 se hace nuevamente necesaria e imprescindible. Si para conseguir esta deseada unidad hay que echar a los independentista que prefieren buscarla con las fuerzas de izquierdas españolas -como quiere Rufian- y aguar al movimiento independentista -el clásico pez en el cesto de las derechas-, lo deberemos hacer. No sólo en defensa de la libertad de Carles Puigdemont sino sobre todo por el derecho de los catalanes a decidir nuestro futuro. Deberemos exigir que se levante la suspensión de la Declaración Unilateral de la Independencia proclamada por el Parlamento el 10 de octubre de 2017 y defenderla enconadamente como sea y donde haga falta.
Hechos, ¡no más palabras!. Dejemos que los cantos de sirena los hagan los españoles. Que crean que nos han vencido. Y pasémosles la mano por la cara. Nuestro futuro como pueblo sólo depende de los catalanes, no de los españoles.